Y entonces fue cuando todos callaron y nadie supo que decir.

En toda la sala, no había nadie que pudiera adivinar lo que pasaba por sus frágiles mentes. Eso les desconcertaba, les hacía dudar de su propia existencia. Querían por todos los medios conocer la respuesta a todas las dudas ridículas que paseaban por sus inseguras cabezas. No conseguían nada por mucho esfuerzo que pusieran. Dos besos, y pasaría mucho tiempo hasta volver a verla. Confundidos y dudosos la vieron salir del gran salón sin llegar a averiguar lo que querían.

domingo, 20 de febrero de 2011


Rozarte tan solo un instante consigue tranquilizarme de tal modo que asusta. Sentarme un domingo lluvioso y aburrido y que no salgas de mi cabeza me vuelve loca. Tu me vuelves loca. Una sonrisa permanente y hablarle al gato es lo que consigues día si día también. Y no hay cosa que mas me guste que sonreír cuando menos me lo espero.


Pero sucede también
que sin saber cómo ni cuándo
algo te eriza la piel.


Eh voilá! =)



Sin nada mas que decir.

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